24 de enero de 2010

Amsterdam, ciudad de contrastes

-Bueno, háblame otra vez de esos bares de hachís.

 -Vale, ¿qué quieres saber?

-Allí el hachís es legal ¿no?

-Es legal pero no al cien por cien. Por ejemplo: no puedes entrar en un restaurante, liarte un porro y ponerte a fumar. Ellos quieren que fumes en tu casa o en sitios determinados.

-¿Dónde?¿En los bares de hachís?

-Sí verás, el rollo funciona así: es legal comprarlo, es legal poseerlo y si eres propietario de un bar de hachís, es legal venderlo. Es legal que lo tengas pero, tampoco importa. Imagínate esto ¿vale? Si te detiene un poli en Amsterdam es ilegal que pretenda cachearte. En Amsterdam los polis no tienen ese derecho.

-Jo macho, yo me voy allí sin dudarlo, joder que si me voy.


Los aficionados al cine habrán descubierto enseguida que este diálogo pertenece a Pulp Fiction, entre John Travolta y Samuel L.Jackson. Refleja la imagen que todos tenemos de Amsterdam: hachís en los coffee-shop y prostitutas detrás de un escaparate en el famoso Barrio Rojo. Merece la pena darse una vuelta por sus calles llenas de turistas, clientes o simplemente mirones. Pese a la mala imagen que tiene no me pareció un lugar peligroso, al menos fuera de horas intempestivas.


- Begijnhof-

Como contraste al barrio canalla por excelencia, está el lugar más plácido y amable de la ciudad: Begijnhof. Es una residencia exclusiva para mujeres solteras con bajos recursos que tiene su origen en una orden religiosa femenina del s. XIV (Beguinas).  Por una pequeña puerta, que pasa desapercibida entre el barullo de una calle comercial, se accede a una plaza ajardinada con preciosas casas de cuento, entre las cuales está una de las dos únicas casas de madera que perduran en Amsterdam, ya que en 1521 se promulgó una ley que las prohibía para acabar con los incendios que asolaron repetidamente la ciudad.

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