14 de septiembre de 2010

Trapani

Nuestra visita a Sicilia llega a su fin. El penúltimo día estuvo dedicado a visitar dos localidades muy próximas entre si: Trápani y Erice, en el noroeste. Es una zona tranquila, agrícola, menos turística y con una gastronomia con influencias árabes. La capital de la región es Trapani, repleta como toda Sicilia, de iglesias y palacios. Lo principal de la visita es comer y especialmente sus dos platos más afamados: el cuscus de pescado  y una pasta local (busiate) con pesto a la trapanese. En las guías encontrareis un sinfín de buenos restaurantes, pues si algo abunda en Trapani es esto. Nosotros nos decidimos por uno de los más conocidos, la cantina siciliciana, una minúscula trattoria situada en un edificio en ruinas del barrio judio. La verdad es que la comida nos decepcionó un poco, especialmente el cuscus de pescado, nos gustó mucho más el que comimos en las eolias.


Lo que más nos gustó de Trapani son sus salinas, a unos 20' en coche por la carretera de la costa que se dirige a Marsala. Aquí se produce la mejor sal de Italia desde la Edad Media. El paisaje es precioso con las salinas, los pequeños veleros y los molinos de viento. Las salinas se encuentran en el interior de un parque natural, la Reserva Natural di Stagnone. Hay un pequeño museo dedicado a los molinos y una embarcación que te lleva a la isla de Motya, un asentamiento fenicio de los mejores conservados del mundo, que estaba unido a tierra por una carretera, hoy hundida bajo las aguas.
Nos alojamos en una casa rural muy recomendable, Casa Colomba, a unos 20 Km de Trapani en dirección Palermo. Personal muy amable, piscina, habitación amplia y un magnífico desayuno bajo una parra a base de productos caseros, el mejor del viaje.

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