24 de julio de 2012

Chinatown de Bangkok (día 2)

Le dijimos al barquero que nos dejase en Ratchawong, uno de los muelles del Chao Phraya Express, para visitar Chinatown. Salimos del muelle y nos encontramos con el famoso barrio chino de Bangkok. Los chinos llevan viviendo aquí desde finales del XVIII cuando se necesitaba mano de obra para levantar la nueva capital. Son una colonia numerosa, 15% de la población del país, y según comentan algunos viajeros conocedores de Asia, lo más parecido a China fuera de China. Desde luego el Chinatown neoyorquino es un chiste comparado con éste. El único punto claramente turístico es el templo Wat Traimit, que alberga un buda de oro gigantesco. Sólo pudimos verlo por fuera ya que estaba cerrado por la visita de una delegación oficial. 















Pero el verdadero encanto del barrio es deambular por sus calles, llenas de tiendas con comida china, que no has visto jamás, y de restaurantes callejeros. Tras caminar durante más de una hora estamos cansados del trajín del primer día y decidimos retirarnos al hotel. Paramos un tuk-tuk (taxi motocarro) y comienza nuestro primer regateo tailandés. Regateando somos nulos, no tenemos paciencia y menos en Tailandia, donde en ocasiones consiste en centimos de euro. Nos pide 150 baths y al final nos lo deja en 100 baths (2.5 €). En el camino le decimos que nos pare en una tienda para comprar una tarjeta sim. La tienda no tiene True Move y compramos otra (1-2-Call) que nos cuesta 50 bahts. La recargamos con 100 baths y hacemos la primera llamada a casa, sin problemas. Luego la recargaríamos en los 7 eleven, en total por unos 500 baths (12 €) llamamos todos los días.
En el hotel hacemos la primera visita a la piscina. De nuevo atención exquisita con tumbonas, toallas, jacuzzi, gimnasio, bar al lado de la piscina y pocos bañistas.
Salimos a la calle a cenar y nos paramos en el primer puesto callejero que tiene buena pinta. Nos sentamos en unas mesas metálicas en un comedor  clavado a los que comían los concursantes de Pekín Express. El camarero no habla inglés y nos trae una carta donde vienen fotos de los platos, menos mal. Pedimos un cuenco con tallarines, verduras y pollo y otro similar pero bañado en caldo de pescado. No hay tenedores, sólo palillos. Será el único lugar de los que comimos en el viaje que sea así, ya que los tailandeses comen con cuchara y tenedor, no usan cuchillo. Todo está muy bueno. Por los dos platos y tres bebidas pagamos 130 bahts (3.5 €). Nos vamos al hotel a dormir, ya no podemos más. Ha pasado tan sólo un día y parece que llevamos semanas fuera de casa.

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