21 de julio de 2012

Paseo por los khlongs (día 2)


La primera mañana en Bangkok la dedicamos a dormir, poco porque nos despertamos creyendo que eran las 6 de la tarde al mirar el reloj, aún con hora española, en realidad eran la 1 y ya no dormimos más. Nos fuimos a comer al Lounge del Lebua para amortizar el upgrade de la habitación, ya que estaba incluido en el precio. Fue el primer contacto de verdad con el lujo del hotel, una atención que hace que si no estás acostumbrado a estos menesteres te llegues a sentir incluso algo incómodo. Con el jet-lag no probamos casi bocado y salimos enseguida al caos de la calle.

Lo primero que sientes es un golpe de calor húmedo, el olor a comida de los puestos callejeros y el ruido de un tráfico caótico. Los conductores de tuk-tuk se paran a cada paso ofreciendo sus servicios. No es fácil orientarse y preguntamos a uno de ellos como vamos hacia el Hotel Oriental, en unos 10’ a pie llegamos. Este hotel es seguramente el más legendario de la ciudad por la pléyade de escritores que se han hospedado en él, desde Josep Conrad a John Le Carré. El hall es precioso, con unos enormes centros florales colgando del techo. La entrada está repleta de coches oficiales y personal de seguridad del sultán de Brunei, ahora entendemos el motivo de sus precios, muy alejados de nuestro presupuesto. Al lado del hotel se encuentra el Oriental Pier, una parada del Chao Phraya Express, los barcos que te permiten desplazarte rapidamente por el río. Pero eso será mañana, ahora lo que tocaba era hacer una excursión por los canales, los khlongs. 



Fue fácil ya que nada más pisar el muelle un señor se nos acercó y nos mostró un panel donde indicaban los trayectos de las excursiones y los precios. Intentamos regatear pero al parecer estos son fijos, 1000 bahts por hora y embarcación, la cual puede transportar a un máximo de 6 personas. 25 € los tres por una hora no está nada mal. Los barcos les llaman longtails por la proa en pico y su forma alargadaéer﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽fri¡ y la mcortesuna idea del hotel os dirtas de Bangkok surcado por el rio Chao p ofrece un upgrade a otra habitacies, tienen un gran motor en la popa muy ruidoso y a su lado se encuentra el timón.
Tras surcar el inmenso Chao Phraya, el rio que divide la ciudad en dos, nos desviamos por los canales laterales. Este es un Bangkok que nada tiene que ver con el distrito comercial de Silom, donde estamos alojados y donde los rascacielos dominan el paisaje. Aquí las modestas viviendas son palafitos de chapa levantados sobre postes de madera. Los niños se bañan en las aguas sucias de los canales, donde vemos un lagarto gigante de los que salen en Frank de la jungla. Hay numerosas barcas que venden comida, incluso una lleva una barbacoa a bordo. Los canales son inmensos, laberínticos, repletos de viviendas, el paseo de una hora se hace corto ya que recién aterrizados parece que estamos en otro planeta. En resumen una experiencia imprescindible para conocer el verdadero Bangkok.




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