31 de agosto de 2012

De compras en MBK (día 12)

Nuestro último día de viaje. El avión sale a las 12 de la noche y disponemos de todo el día. Cuando planificamos el viaje decidimos no hacer el mismo día el vuelo de enlace desde Phuket y el de regreso a España porque era una paliza. Así que tenemos esta "escala" en Bangkok de 24 horas. Tras desayunar los manjares del 7 eleven nos vamos a la piscina del hotel para apurar todo el tiempo que tenemos hasta las 12 que hay que hacer el check-out. La piscina es más pequeña que la del Lebua pero las vistas son mejores. Cuando llegamos no hay nadie y nos bañamos durante un buen rato solos. Lo malo es que descubrimos la sauna cuando ya nos teníamos que ir. Tras dejar las maletas en la consigna del hotel, nos disponemos a pasar el resto del día refugiados en el aire acondicionado de uno de los centros comerciales más grande de Asia, el MBK.





Desde el hotel caminamos 5' hasta la parada más próxima del sky train, un metro de superficie ultramoderno que va lleno de estudiantes, todos ellos con su iphone. Tres paradas y nos bajamos en National Stadium, al lado del centro comercial. Pese a que es enorme, tiene 8 plantas y más de 2000 tiendas, no es dificil orientarse. En un ala se encuentra "El Corte Inglés" y alrededor de las escaleras mecánicas el resto de tiendas que más o menos se encuentran agrupadas por categorias en cada planta. Las tiendas situadas al fondo del edificio funcionan como un bazar y por supuesto se regatea. El resto son tiendas convencionales y tienen marcado el precio.

Tras comer en el último piso en unos de los cientos restaurantes comenzamos el peregrinar por las tiendas. Últimas adquisiciones del viaje: camisetas, juegos de madera, sandalias, mochila....
Al final de la tarde nos despedimos de la mejor forma, con un masaje de pies de una hora por unos 5 € por persona. No somos muy aficionados a los masajes, pero no nos podíamos ir del país sin probar uno. La verdad es que estuvo fenomenal. Encontrareis sitios de masajes por todos los lados y a precios muy dispares. Un buen masaje sale barato para lo que estamos acostumbrados en Europa.

Regresamos al hotel en el sky train y nos perdemos en la calle del hotel. Nos damos cuenta y enseguida estamos en la recepción con las maletas. Último taxi hasta el aeropuerto. El taxista nos dice que con el taxímetro nos va a salir más caro porque hay atasco. Nos lo deja por lo mismo que nos había costado el de la ida. Nos vamos y no quiero discutir, le digo que si y la verdad es que tardamos mucho más de lo habitual, casi una hora y media.
Nos gastamos los últimos bahts en las tiendas del aeropuerto y comemos un sandwich en un bar que tiene wifi. Cometo el error de leer la prensa nacional: el horror de la crisis y nuestros infumables políticos nos esperan a la vuelta... adiós a las sonrisas tailandesas.



29 de agosto de 2012

Regreso a Bangkok (día 11)

El avión de regreso a Bangkok salía a las 5 de la tarde, así que pasamos toda la mañana de nuevo en la piscina bajo la lluvia. A las 12 dejamos las maletas en recepción y nos vamos al restaurante Mali a comer. Nos despedimos de Kata Beach con una sensación agridulce, habíamos estado fenomenal, pero hubiese podido ser mucho mejor si el tiempo hubiese acompañado. A las 2 en punto, según habíamos quedado, pasa a recogernos el taxista del primer día. Tardamos dos horas largas al aeropuerto, tened esto en cuenta para no tener un disgusto y perder el vuelo. En poco más de una hora estábamos en Bangkok de nuevo. 


Otro taxi hasta el hotel Pullman situado en la misma calle que el Lebua, en Silom, pero más alejado del río. Nada más llegar los botones se lanzan a por las maletas y la relaciones públicas del hotel sale a recibirnos y se lleva a la niña de la mano. La entrada no puede ser más acogedora. El hotel ha cambiado de dirección hace poco y además del nombre (antes era un Sofitel) ha modificado por completo la decoración. Ahora es un hotel modernísimo con las habitaciones decoradas en blanco y negro. La vista de Bangkok desde el ventanal de la habitación es fabulosa (foto). Además se encuentra situado a 5' andando del sky train. La relación calidad/precio (100 € sin desayuno) es insuperable. Si no queréis gastar el doble por una habitación en el Lebua este hotel es una opción muy recomendable. Los hoteles han sido uno de los puntos fuertes del viaje. Hemos quedado encantados de los cuatro. Pasará mucho tiempo hasta poder disfrutar de otros hoteles similares por estos precios.
Tras instalarnos vamos a dar un paseo por Silom. Otra vez el calor, el tráfico, los vendedores ambulantes, el olor a la comida de los puestos callejeros.... Cenamos en un centro comercial cercano al hotel y compramos el desayuno para el día siguiente en un 7 eleven. Lamentablemente mañana es nuestro último día del viaje.


27 de agosto de 2012

Bahía de Phang Nga II (día 10)

Llegamos a Panyee Island donde está asentado un poblado musulmán formado por casas flotantes. Viven del turismo, tienen un comedor gigante donde dan de comer a gran parte de las excursiones a la bahía. La comida es muy buena, y claro está, incluye pescado. El comedor está repleto de turistas, especialmente japoneses. Tras comer hacemos la clásica visita a los puestecillos de recuerdos y lo más interesante, al colegio del poblado. Los niños están en clase, todos están descalzos, los zapatos están en la puerta del aula. Las profesoras van vestidas con un uniforme de corte militar. Hay un patio con una cancha de baloncesto, que en realidad son unos paneles que flotan sobre las aguas de la bahía. Un lugar muy interesante.

- Panyee Island -
Regresamos en el longtail al muelle y volvemos a subir a la furgoneta. Tras una media hora hacemos la última parada en Suwankuha temple, situado en una cueva, donde una figura gigante de Buda está acompañada de estalagtitas y de monos, por lo que también se la conoce como la cueva de los monos. No cometais el error de comprar plátanos para darselos porque estos animalitos no son como los tranquilos elefantes, sino muy agresivos. Mientras estamos en la cueva comienza a diluviar y ya no parará. Hemos tenido una suerte tremenda, el único periodo que no ha llovido de toda nuestra estancia en Phuket ha sido durante la excursión. 
Otras dos horas y media de camino al hotel que se hacen muy pesadas. Si el tráfico de Patong ya era un caos por la mañana, ahora ni os cuento. No haber reservado hotel aquí ha sido todo un acierto.
De regreso a nuestro pequeño paraiso, baño en la piscina bajo la omnipresente lluvia y salida a cenar.
Ha sido otro de los grandes días del viaje. Si viajais a Phuket o a Krabi no os perdáis la excursión a la bahía de Phang Nga bajo  ningún concepto, es uno de esos sitios que permanecen imborrable en la memoria.

24 de agosto de 2012

Bahía de Phang Nga (día 10)

La furgoneta de la excursión llega unos 10' tarde a recogernos al hotel. Somos los primeros en subir. Desde Kata Beach va recorriendo la costa hasta Patong. Hay un tráfico infernal y la ciudad nos recuerda a Benidorm pero concentrada y en versión asiática. Se suben dos chicas europeas y una pareja de novios de Omán, educadísimos. Continuamos en dirección norte, haciendo una última parada para recoger a una familia francesa, bastante repelente por cierto. Tras 2 horas y media de coche llegamos por fin al muelle. Buenas noticias: no llueve. Nos subimos a un longtail similar a los de Bangkok y comenzamos a navegar por los canales de la Bahía de Phang Nga. La bahía es un gran lago, no hay oleaje y el paisaje es maravilloso, grandes bloques de piedra emergen del agua formando inmumerables pequeñas islas, cuyas paredes están cubiertas de manglares.


- Isla de James Bond -

Tras 45' llegamos a Ko Phing Kan, más conocida como la isla de James Bond, ya que aquí se rodó la película "El hombre de la pistola de oro". El barco nos deja en una costa y nos recoge a la media hora en la opuesta. La isla es minúscula y en 5' la cruzas andando. El lugar es precioso, de postal, la pena es que tocamos a un puñado de arena por turista, está repleta.


- Talu Island -
Desde aquí 10' de navegación hasta otra pequeña isla, Talu, donde hay unos grandes barcos que sirven de plataforma para el negocio de las canoas. Subimos en una canoa con un guía que hace de remero. Durante media hora navegamos entre los manglares y entre cuevas formadas en la roca caliza. El paisaje es de ensueño. Tras dejar la canoa y beber una Coca Cola invitación de la casa nos volvemos a subir en el longtail en dirección a Panyee Island, donde está el restaurante....¡ Y sigue sin llover ¡ 


22 de agosto de 2012

Kata Beach bajo la lluvia (día 9)

Amanece y continua la lluvia, el cielo está totalmente cubierto y las previsiones meteorológicas indican que continuará así los próximos días. Nuestros temores cuando organizamos el viaje desgraciadamente se han confirmado. El desayuno del hotel no está mal, quizás el más flojo hasta ahora, principalmente porque el restaurante, a diferencia del resto de instalaciones, carece de encanto.
Pasamos gran parte de la mañana metidos en la piscina, mientras llueve y llueve. A mediodía aprovechando que ¡ ha salido el sol ¡ nos marchamos andando, paraguas en mano, hacia Kata Beach. Uno cochecito eléctrico del hotel nos acerca a la calle principal y desde allí en 10' estamos en la playa. Nada más poner el pie en ella el cielo se vuelve a poner negro y en cuestión de minutos llueve a mares. Vemos un instante la playa, está bien, pero para nada es un lugar paradisiaco.


- Kata Beach -

Nos refugiamos a comer en un restaurante llamado Mali, una franquicia con varios locales distribuidos por la isla. Carta thai e internacional. La comida muy buena y el precio el de siempre, unos 800 bahts, bebidas incluidas. Nos gustó y volveremos otras dos veces. Mientras comemos vemos una oficina de viajes, realmente un mostrador en la calle como otros muchos. Nos llama la atención el nombre: Santi Tours. Nunca sabremos si el amigo Santi era hombre o mujer, cada uno opinamos una cosa. Le preguntamos por la excursión que queremos hacer a la famosa isla de James Bond y si se puede ir con este maldito tiempo. Nos dice que si, que la excursión sale todos los días y que al ser una bahía el mar está tranquilo. No nos recomienda la otra excursión estrella, la isla de Phi Phi, porque son más de 2 horas en barco en mar abierto. No tenemos elección: o vamos al día siguiente o el viaje a Phuket se quedará en nada. Tras el clásico regateo nos deja la excursión en 1400 bahts para los adultos y 1000 para la niña (35/25 €), incluida la comida.
Aprovechando que ha dejado de llover cambiamos dinero y paseamos por la playa hasta que comienza de nuevo a llover y regresamos a la piscina del hotel. Realmente el maldito tiempo está arruinando la última parte del viaje.
Por la noche volvemos a la zona de restaurantes a cenar. Tened en cuenta que si reserváis un hotel en un entorno paradisiaco pero alejado de todo os veréis obligados a hacer todas las comidas en el mismo, cosa que no es nada recomendable, siempre es mejor tener donde elegir. 
Cenamos mientras vemos en la tele a Fernando Alonso, el mundo es un pañuelo....

20 de agosto de 2012

Vuelo a Phuket (día 8)

Dejamos atrás la encantadora Chiang Mai y volamos de nuevo con Thai a Phuket, el vuelo dura algo menos de dos horas. Nada más llegar notamos que Phuket dista mucho de la tranquilidad de donde venimos. El aeropuerto está lleno de turistas. Habíamos leído que era casi imposible conseguir un taxi con taxímetro y que además son muy caros. Antes de salir a la calle vemos varios mostradores que ofertan taxi. Nos decidimos por uno que nos cobra 750 bahts (19 €) por llevarnos a Kata Beach. Creo que acertamos porque había un caos tremendo a la salida del aeropuerto y el viaje duró ¡hora y media¡ por el tráfico. A medio camino el chofer nos para en una agencia de viajes para ofrecernos excursiones. Amablemente decimos que no nos interesan, pero la señora es habilidosa y nos consigue vender el viaje de vuelta en el mismo taxi por el mismo precio, pagando una señal. Habíamos leído en la página del hotel que cobraban 1000 bahts por el traslado al aeropuerto, así que aceptamos.




El destino de playa fue el que más nos costó decidir. Ya comentamos que nuestra idea inicial era ir a Ko Samui por el clima en esta época del año, pero el precio de los vuelos hizo que nos decantásemos por Phuket. No queríamos un lugar muy bullicioso, así que Patong, principal punto turístico de la isla fue enseguida descartado. Nos costó encontrar un hotel de nuestro gusto, o eran muy caros o no tenían buena pinta o estaban demasiado alejados de la "civilización". Por casualidad encontramos Metadee Resort y fue una elección magnífica. Situado en Kata Beach, una zona cerca de Patong pero mucho más tranquila. Podéis leer la crítica completa del hotel en tripadvisor. Si os decidís por esta zona no dudéis en reservarlo. Como una imagen vale más que mil palabras os dejamos la foto de la piscina, a la cual teníamos acceso directo desde la habitación. No hay nada más que decir. Encima nos tocó la lotería de un upgrade gratuito porque la habitación reservada estaba ocupada.

Toda la tarde no paró de llover, aunque eso no fue obstáculo para que la pasásemos a remojo en la piscina. No apetecía salir a cenar con tanta lluvia y nos quedamos a cenar en el restaurante del hotel. Este si que no os lo recomendamos. Fue la cena más cara de todo el viaje (1200 bahts / 30 €) y bastante normalita. Cualquiera de los restaurantes que están a 10' andando del hotel es mucho mejor y más barato. Y seguía lloviendo y lloviendo.....


18 de agosto de 2012

Tiger Kingdom (día 7)

Tiger Kingdom es un pequeño zoo especializado en el cuidado de tigres. Es un espacio muy bien cuidado y por lo que pudimos ver un buen negocio, porque estaba lleno de turistas. Aunque no deja de ser un zoo, pocas veces tendréis la oportunidad de tocar a un tigre. Si vais con niños os aconsejamos sin duda la visita. Además los animales están muy bien cuidados y me imagino que el dinero que dejamos en la visita contribuye a ello. Los tigres están divididos en tres categorías según su tamaño y la entrada es individual para cada una de ellas. Los más demandados son los pequeños, que fueron los que vimos. Realmente la entrada te permite entrar en la jaula con los tigres, porque ver puedes ver a todos. Es cara, unos 20 € por persona, que para los precios de Tailandia es una barbaridad. Con la entrada compramos el ticket para comer en el buffet, creo recordar que fueron unos 5 € por persona. La comida estaba muy buena. Invitamos a Udom, pero al igual que la guía de Ayutthaya rechazó amablemente la invitación.



Mientras comimos cayó el diluvio, al igual que el día previo. Cuando la lluvia amainó nos acercamos a la jaula de los tigres. Entramos con un cuidador y estuvimos un buen rato tocando a los tigres más pequeños. Una gozada. Después nos acercamos a las jaulas de los de mayor tamaño (foto) y vimos con asombro como la gente se hacia fotos con la cabeza apoyada en el tigre, el cual si se lo propone se zampa al turista y al cuidador sin esforzarse...

Al salir llovía de nuevo a mares pero Udom nos vio y se acercó para decirnos que esperásemos, que iba a buscar el coche. El pobre hombre se caló entero. La amabilidad tailandesa no dejaba de sorprendernos. Tras pagarle nos despedimos de él y nos retiramos al hotel sobre las 5 de la tarde. La rutina de todos los días: baño en la piscina y a las 7 camino del bazar. Volvimos a cenar en el puesto de pescado del primer día, de nuevo todo exquisito, y realizamos las últimas compras, entre ellas una maleta para llevar todo lo que habíamos comprado. Traíamos tan sólo dos desde España y no había problema de exceso de equipaje.
Camino del hotel nos dimos cuenta de que íbamos a echar a Chiang Mai mucho de menos, 3 días aquí y la ciudad nos había calado.

16 de agosto de 2012

Wat Doi Suthep (día 7)

Hoy tenemos planificado visitar el templo más importante del norte de Tailandia, el Wat Doi Suthep, situado en una montaña del mismo nombre, ubicada dentro de un parque nacional. Se encuentra a una media hora en coche de Chiang Mai. Tras desayunar en el hotel salimos a la calle a buscar un taxi. Nos para enseguida uno de los conductores de tuk-tuk estacionados al lado del hotel y tras explicarle donde vamos, llama a un colega y nos dice que él dispone de coche. Tras un breve regateo le contratamos para que nos lleve primero a Doi Suthep y luego a Tiger Kingdom, algo que calculamos nos llevará medio día. Concertamos el precio en 800 bahts (20 €). Al igual que en Ayutthaya volvemos a protagonizar otra "película" tailandesa. Montamos en el tuk-tuk y el señor nos lleva a su casa, nos presenta a su mujer y nos montamos en el coche que tiene aparcado en el patio. Un utilitario japonés, como la mayoría de los coches del país, cómodo y con aire acondicionado. Nuestro chofer se llama Udom, es un tio muy majo y habla un inglés macarrónico con el que es fácil comunicarse. La carretera al templo está llena de curvas y en ella nos encontramos con numerosas furgonetas-taxi y algunos esforzados ciclistas.




La entrada al templo se hace por una espectacular escalera flanqueada por serpientes (nagas). Pero tiene más de 300 escalones y hace calor. Udom nos indica donde poder coger el funicular que por 50 bahts incluye la entrada al templo y en unos minutos te deja en la puerta de este.
Lo más famoso del templo es su chedi dorada, alrededor de la cual los fieles dan vueltas mientras entonan sus plegarias. Pero sin duda lo más interesante son precisamente los fieles. Es un lugar de peregrinación donde acuden numerosos budistas de Tailandia y de otros países. Podéis realizar la ceremonia en la cual un monje te bendice y te coloca una pulsera de cuerda en la muñeca, en teoría trae suerte, en nuestro caso ha sido al revés. Deber ser un castigo por abandonar la "verdadera fe". Bromas aparte, Doi Suthep es un lugar auténtico, donde realmente se respira budismo en numerosos pequeños detalles, como las urnas que recuerdan a fallecidos, muchos de ellos europeos convertidos al budismo o las placas que homenajean al mecenas que ha donado algunos de los objetos que adornan el templo. Un lugar imprescindible.
Tras bajar los 300 escalones nos reencontramos con Udom. Otra media hora de viaje. Nos esperan los tigres.

14 de agosto de 2012

Encuentro con las mujeres jirafa (día 6)

Cerca de Chiang Mai visitamos un pequeño poblado formado por varias etnias que viven de la venta de productos de artesanía a los turistas. La guía nos acompaña y nos cuenta las costumbres de cada una de ellas. Algunas son autóctonas de Tailandia y otras han emigrado desde las vecinas Myanmar o Laos. Vemos a varias mujeres ancianas de la tribu Achang con los dientes completamente negros por la costumbre de mascar tabaco. Un poco más adelante nos encontramos con otra tribu, la más famosa de Tailandia, la Karen. En realidad son refugiados, desde los años 90, del régimen militar Birmano (actual Myanmar). Las mujeres son célebres por los anillos de latón con los que adornan su cuello, con el paso de los años provocan un descenso de los hombros haciendo que el cuello adopte un aspecto alargado, de ahí que sean conocidas como "mujeres jirafa". Realmente esta etnia se encuentra asentada más al norte, en el llamado "triángulo de oro", donde convergen las fronteras de Tailandia, Myanmar y Laos. Pero la llegada de numerosos turistas a Chiang Mai ha provocado que algunos de sus miembros se hayan desplazado hacia el sur donde viven en estos modestos poblados gracias a la venta de telas, muñecas, abalorios... a los turistas. Pese a que la visita no llegó a media hora (tampoco da para más) y las condiciones miserables del poblado, os la recomendamos totalmente, si podeis acompañados con guía para que os cuente sus costumbres. 




La excursión terminó con la visita a una granja de orquídeas. Fue la más floja de todas para nuestro gusto, aunque la granja es preciosa, pero si no eres un gran amante de la botánica, sobra gran parte del tiempo. A la vuelta, baño en la piscina y regreso al bazar nocturno en la furgoneta del hotel. Cena en una pizzería y regateo y más regateo en los puestos del mercadillo. Nuevo regateo con el taxista para regresar al hotel por el mismo precio de ayer. Llevamos dos días aquí y nos parece que estamos en casa. ¡Qué ciudad tan acogedora¡


12 de agosto de 2012

A lomos del elefante (día 6)

La furgoneta llega puntualmente a las 8:45. La guía recoge el bono que nos habían dado en la agencia y pasamos dentro, donde van una pareja española y otros 5 turistas. El viaje es largo, más de una hora, en dirección norte donde se encuentran los parques de elefantes, una buena forma de preservar a estos animales gracias al turismo, al perder la utilidad que tradicionalmente han tenido para tareas agrícolas y militares. Cuando la contratéis tened en cuenta que los precios más baratos suelen ser a costa de un parque de elefantes cutre con una paseo de unos pocos minutos. No merece la pena ahorrar 10 € después de haber recorrido medio mundo. En los mejores campos te asignan un elefante para ti sólo durante un día y te encargas de su cuidado. Debe ser una experiencia inolvidable, aunque el precio es mucho mayor que el de una excursión normal.



Nuestro parque se llamaba Maetaeng y es totalmente recomendable. Nada más llegar compramos plátanos y bambú para dar de comer a varios elefantes que están detrás de unas vallas de madera. Se dan más maña en comer con la trompa que nosotros en darles la comida con las manos. Después comienza el espectáculo, primero en el río donde se bañan y luego en tierra: hay uno que parece Messi con el balón en los pies, bailan... y sobre todo pintan unos cuadros que nosotros no igualaríamos ni tras un curso de pintura. Tras todas estas habilidades montamos los tres en una elefanta viejecita que nos dio un maravilloso paseo de una hora atravesando el río, senderos por la selva...fantástico. Al final del paseo llueve a mares durante unos minutos. Tras cesar la lluvia pasamos a un carro de unos bueyes que tienen giba por unos caminos embarrados por la lluvia. Tanto el adiestrador (mahut) del elefante como el de los bueyes nos piden la cámara y nos hacen fotos. La amabilidad de esta gente no tiene fin.
Tras la ajetreada mañana comemos en un restaurante un buffet que está bastante bien, a base de comida thai. Queda el último medio de transporte: la balsa de bambú. Vamos sentados en unos diminutos bancos de madera mientras el barquero la maneja con la perca. El paisaje no tiene desperdicio. Por el río viene una señora andando mientras empuja un neumático donde lleva bebidas para venderlas ¡¡¡¡¡
Montamos en la furgoneta y regresamos en dirección a Chiang Mai para terminar la excursión. Por ahora ha sido el mejor día del viaje. 

10 de agosto de 2012

Bazar nocturno de Chiang Mai (día 5)

Tras el relajante baño en la piscina, la furgoneta del hotel nos acercó al bazar nocturno, situado en el otro extremo de la ciudad antigua, donde están la mayoría de los grandes hoteles. Hay bastante gentío, pero mucho más llevadero que en Bangkok, sin agobios. Chiang Mai tiene numerosos mercados, los más famosos se celebran los sábados y domingos y a diario hay un bazar nocturno repleto de puestos donde poder comprar imitaciones de marcas a precios muy bajos. No habíamos todavía comprado nada en el viaje y el regateo se había limitado a los tuk-tuk y a la excursión. Ya era hora de sumergirse en ese mundo. Dimos una vuelta por el bazar y compramos gafas Rayban por 100 bahts (2.5 €), aún no se nos han abrasado las corneas, pero me imagino que será cuestión de tiempo; cuadernos hechos a mano, una camiseta de futbol con el nombre de la peque estampado y alguna otra cosilla.



Por una calle lateral se accede al mercado de Galare, con puestos de mayor calidad entre los que predominan los de artesanía. Aquí compramos fundas de "piel" para los móviles por 200 bahts. Tras el mercado hay varios restaurantes al aire libre especializados en pescado. Tu mismo eliges el pescado que quieres y te lo cocinan. Nos decidimos por el que tiene más clientela (no suele fallar) y nos atiende un simpático chico con cresta que habla un poco español. Me voy con él y le señalo unos langostinos gigantes que tienen muy buena pinta, pedimos además un pescado al horno, pollo, cervezas y refrescos. Será la mejor cena del viaje. El pescado y los langostinos de nuevo exquisitos. Nos cuesta la fabulosa suma de 800 bahts (20 €). La plaza se anima: un tailandés con traje de policia se pone a cantar con una guitarra en inglés. Lo hace bien, al parecer recauda dinero para fines benéficos. Se oyen las risas de los turistas que están haciéndose un peeling de los pies gracias a unos pececitos que se comen las piel descamada. Tras la cena metemos los pies en la pecera, la sensación es muy peculiar. La peque se muere de risa.
Otra vuelta a los puestecillos del bazar y regreso al hotel en una de las furgonetas rojas que vereis por toda la ciudad y que funcionan como taxi compartido. El precio se regatea, por supuesto. Por 100 bahts nos lleva a la otra punta de la ciudad. A dormir que mañana esperan los elefantes.





8 de agosto de 2012

Vuelo a Chiang Mai (día 5)

Pedimos un taxi en recepción que nos dejó en el aeropuerto, donde cogimos el vuelo de Thai hacia Chiang Mai, de poco más de una hora de duración. Chiang Mai es la ciudad más importante del norte de Tailandia, fue en su día la capital del reino Lanna. Hoy es un importante centro educativo, turístico y religioso, al estar plagada de templos, casi 300.

Nada más llegar al aeropuerto se respira un aire muy distinto al de Bangkok, el agobio ha desaparecido. Nos dirigimos al mostrador de "public taxi" donde por 120 bahts (precio fijo) te llevan al hotel. En 5' estamos en el hotel The Rim, situado en la muralla de la ciudad antigua. Fue el primero que elegimos de todo el viaje gracias al diario de otros viajeros. Es un hotel modesto, muy alejado del lujo del Lebua. Ambiente familiar, bonita decoración, personal muy amable y buen precio (80 € la habitación con desayuno buffet). Podeis leer la crítica completa en la página de tripadvisor.




Tras instalarnos salimos a dar una vuelta por la ciudad. Al lado del hotel se encuentra uno de los templos más importantes, Wat Phra Singh. Tras una visita rápida al templo nos sentamos a comer en un puesto de la calle de enfrente. Comida thai exquisita, atención impecable y precio irrisorio, algo común durante todo el viaje. Mientras preparan la comida nos acercamos a una agencia de viajes situada al lado (Authentic Thai Tours). Preguntamos por las excursiones, las hay para todos los gustos. Mientras comemos, la señora nos lleva un book a la mesa del restaurante para que vayamos echando un vistazo a las excursiones. Tras comer regresamos a la agencia y tras el omnipresente regateo contratamos la excursión para el día siguiente: paseo en elefante, carro de bueyes, balsa del bambú, granja de orquídeas y poblado de las mujeres jirafa, comida incluida. Nos la deja en 1200 bahts por adulto y 600 por la niña (30/15 €). Pagamos en la agencia y nos dan un bono para entregar al conductor de la furgoneta que nos recogerá al día siguiente en el hotel. Las excursiones las podéis contratar en cualquier de las numerosas agencias que hay repartidas por la ciudad. Suelen ser muy profesionales, viven de esto y lo tienen muy bien montado.

Nuestro plán para este día era hacer la ruta a pie por los templos de la Lonely Planet. Pero tras comer y el calor que hace nos entra la modorra y regresamos al hotel a descansar y a disfrutar de la pequeña y encantadora piscina. Nos apuntamos en recepción para el transfer al mercado nocturno que realizan de forma gratuita con una furgoneta todos los días a las 7 de la tarde.

5 de agosto de 2012

Templos de Ayutthaya II (día 4)

Tras la parada culinaria continuamos la visita. El siguiente templo fue Wat Lokayasutha, no venía en la guía pero la conductora nos lo recomendó y acertó. Lo único que queda de él es el magnífico Buda recostado rodeado de vegetación que podéis ver en la foto. El 6º y último de los templos que vimos fue Wat Chai Wattanaram con un grand prang, tan sólo se puede ver desde afuera ya que las inundaciones del año pasado han dejado a las ruinas en mal estado y las están consolidando. 
Habían pasado las 4 horas contratadas y dijimos a la guía que nos llevase a la calle de donde salen las furgonetas con destino a Bangkok. Dejamos atrás Ayutthaya, un lugar encantador, de los que siempre se sueña cuando se planea un viaje. Sin duda lo mejor de Bangkok y que nos os deberías perder.




La furgoneta fue mucho más rápida y más barata que el tren. Nos costó 60 bahts (1.55 €) por persona y tardó una hora y cuarto en dejarnos en el Monumento de la Victoria. Un lugar caótico del que nos costó un buen rato salir, hasta que un taxista accedió a poner el taxímetro y llevarnos al hotel. Llegamos un poco antes de las 6 de la tarde y nos dio tiempo a disfrutar por última vez del lounge del Lebua. Para despedirnos nos bebimos unos mojitos, los mejores que hemos probado desde la bodeguita del medio en La Habana. Baño en la piscina y salida a cenar por los alrededores del hotel. 
Mañana volamos al norte, atrás dejamos el caluroso y en ocasiones agobiante Bangkok. 

3 de agosto de 2012

Templos de Ayutthaya I (día 4)

La amable guía nos muestra un panel con los templos y vemos que son los que teníamos subrayados en la guía de viaje. El primero que visitamos fue Wat Yai Chai Mongkol (entrada 20 bahts), con un Buda yacente de 7 metros. Los templos no tienen nada que ver con el esplendor de los de Bangkok, son las ruinas de lo que queda de una de las ciudad más importantes del mundo durante siglos, la cual causaba admiración a los comerciantes europeos que llegaban a aquellas tierras. Fue arrasada por los birmanos en 1767, lo que motivó el traslado de la capital a la actual Bangkok. Es un lugar con magia, mucha magia: ruinas de templos con paredes de ladrillo por las que ascienden las raices de los árboles, las figuras de Buda ataviadas con el manto naranja... Enseguida comprendemos que el viaje en tren va a merecer la pena, será uno de lo días inolvidables del viaje. 



La guía nos espera en el coche y nos conduce al segundo templo, Wat Phra Mahathat (entrada 50 bahts) sin duda el más famoso de todos por la cabeza de Buda incrustada entre las raices de un árbol. Al parecer tras el saqueo de la ciudad y la destrucción de los templos la cabeza acabó a los pies de este árbol y con el tiempo ha sido englobada por sus raices. Magia pura...

Al lado se encuentra uno de los templos que más nos gustó: Wat Ratburana, con una preciosa prang (entrada 50 bahts). Antes de hacer la parada para comer visitamos Wihaan Mongkhon Bophit (gratuito). Es un templo moderno que acoge uno de los Budas de bronce más grandes del país y donde presenciamos la ofrenda de varias señoras mientras el monje las guiaba y nos indicaba a nosotros como un pequeño hilo donde colocaban las ofrendas terminaba en la mano de la gran figura de Buda.

Al salir del templo nos encontramos con el primer elefante del viaje, decidimos no montar, nos reservamos para Chiang Mai. Decimos a la guia que nos lleve a un restaurante. La invitamos a comer pero rechaza la invitación porque dice que ha comido. Nos volverá a pasar más adelante durante el viaje, debe ser una norma de comportamiento de esta gente tan educada y amable. La comida fantástica: bebidas, pollo y dos enormes pescados al horno cocinado uno con frutas y otro con un sofrito de ajo por 800 bahts (20 €). El pescado de los mejores que hemos comido ¡Cómo cocinan los tailandeses¡

1 de agosto de 2012

Tren a Ayutthaya (día 4)

El cuarto día del viaje lo dedicamos a la que fue la capital del reino de Siam durante 4 siglos: Ayutthaya, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y situada a unos 80 Km al norte de Bangkok. 
Tras desayunar nos dirigimos a la estación de tren de Hualamphong. Paramos un tuk-tuk tras un breve regateo (100 bahts, el mismo precio que el día anterior por un trayecto mucho más largo y con tráfico en hora punta matutina). En la estación tras preguntar en información sacamos los billetes. Los de segunda clase en un tren Express nos costaron cada uno 245 bahts (algo más de 6 €).  Ver horarios.




El tren partió 20' tarde y tardó algo más de hora y media. Era viejo, con un motor con un ruido infernal, pero cómodo. Tenía numerosas paradas y salir de Bangkok le llevó la mayoría del tiempo. El paisaje no tiene nada de especial: barrios periféricos de la ciudad con viviendas humildes, templos, edificios oficiales y algo de campo. Pero la experiencia es muy recomendable para tener contacto con los tailandeses de a pie. En cada vagón hay un empleado que ayuda a los pasajeros a encontrar su asiento, limpia el suelo y enciende el ventilador. Un oficio impensable en nuestro "civilizado" Occidente.

Llegamos a Ayutthaya alrededor de las 10 de la mañana. Tras salir de la estación subimos al transbordador para cruzar el río (3 baths) con numerosos turistas, entre ellos varios españoles. En la otra orilla estaban esperando los tuk-tuks con los que se puede contratar la visita a los templos. Enseguida nos paró uno y tras el clásico regateo dejamos el precio en 1000 bahts por 4 horas (25 €). Tras un breve recorrido el conductor para en una rotonda, se dirige a un coche y nos indica que subamos. Dentro la conductora es una señora, tras arrancar pienso que estoy viviendo una película que acaba en secuestro, pero esto es Tailandia, hay que relajarse y disfrutar del aire acondicionado del vehículo.