12 de agosto de 2012

A lomos del elefante (día 6)

La furgoneta llega puntualmente a las 8:45. La guía recoge el bono que nos habían dado en la agencia y pasamos dentro, donde van una pareja española y otros 5 turistas. El viaje es largo, más de una hora, en dirección norte donde se encuentran los parques de elefantes, una buena forma de preservar a estos animales gracias al turismo, al perder la utilidad que tradicionalmente han tenido para tareas agrícolas y militares. Cuando la contratéis tened en cuenta que los precios más baratos suelen ser a costa de un parque de elefantes cutre con una paseo de unos pocos minutos. No merece la pena ahorrar 10 € después de haber recorrido medio mundo. En los mejores campos te asignan un elefante para ti sólo durante un día y te encargas de su cuidado. Debe ser una experiencia inolvidable, aunque el precio es mucho mayor que el de una excursión normal.



Nuestro parque se llamaba Maetaeng y es totalmente recomendable. Nada más llegar compramos plátanos y bambú para dar de comer a varios elefantes que están detrás de unas vallas de madera. Se dan más maña en comer con la trompa que nosotros en darles la comida con las manos. Después comienza el espectáculo, primero en el río donde se bañan y luego en tierra: hay uno que parece Messi con el balón en los pies, bailan... y sobre todo pintan unos cuadros que nosotros no igualaríamos ni tras un curso de pintura. Tras todas estas habilidades montamos los tres en una elefanta viejecita que nos dio un maravilloso paseo de una hora atravesando el río, senderos por la selva...fantástico. Al final del paseo llueve a mares durante unos minutos. Tras cesar la lluvia pasamos a un carro de unos bueyes que tienen giba por unos caminos embarrados por la lluvia. Tanto el adiestrador (mahut) del elefante como el de los bueyes nos piden la cámara y nos hacen fotos. La amabilidad de esta gente no tiene fin.
Tras la ajetreada mañana comemos en un restaurante un buffet que está bastante bien, a base de comida thai. Queda el último medio de transporte: la balsa de bambú. Vamos sentados en unos diminutos bancos de madera mientras el barquero la maneja con la perca. El paisaje no tiene desperdicio. Por el río viene una señora andando mientras empuja un neumático donde lleva bebidas para venderlas ¡¡¡¡¡
Montamos en la furgoneta y regresamos en dirección a Chiang Mai para terminar la excursión. Por ahora ha sido el mejor día del viaje. 

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