10 de agosto de 2012

Bazar nocturno de Chiang Mai (día 5)

Tras el relajante baño en la piscina, la furgoneta del hotel nos acercó al bazar nocturno, situado en el otro extremo de la ciudad antigua, donde están la mayoría de los grandes hoteles. Hay bastante gentío, pero mucho más llevadero que en Bangkok, sin agobios. Chiang Mai tiene numerosos mercados, los más famosos se celebran los sábados y domingos y a diario hay un bazar nocturno repleto de puestos donde poder comprar imitaciones de marcas a precios muy bajos. No habíamos todavía comprado nada en el viaje y el regateo se había limitado a los tuk-tuk y a la excursión. Ya era hora de sumergirse en ese mundo. Dimos una vuelta por el bazar y compramos gafas Rayban por 100 bahts (2.5 €), aún no se nos han abrasado las corneas, pero me imagino que será cuestión de tiempo; cuadernos hechos a mano, una camiseta de futbol con el nombre de la peque estampado y alguna otra cosilla.



Por una calle lateral se accede al mercado de Galare, con puestos de mayor calidad entre los que predominan los de artesanía. Aquí compramos fundas de "piel" para los móviles por 200 bahts. Tras el mercado hay varios restaurantes al aire libre especializados en pescado. Tu mismo eliges el pescado que quieres y te lo cocinan. Nos decidimos por el que tiene más clientela (no suele fallar) y nos atiende un simpático chico con cresta que habla un poco español. Me voy con él y le señalo unos langostinos gigantes que tienen muy buena pinta, pedimos además un pescado al horno, pollo, cervezas y refrescos. Será la mejor cena del viaje. El pescado y los langostinos de nuevo exquisitos. Nos cuesta la fabulosa suma de 800 bahts (20 €). La plaza se anima: un tailandés con traje de policia se pone a cantar con una guitarra en inglés. Lo hace bien, al parecer recauda dinero para fines benéficos. Se oyen las risas de los turistas que están haciéndose un peeling de los pies gracias a unos pececitos que se comen las piel descamada. Tras la cena metemos los pies en la pecera, la sensación es muy peculiar. La peque se muere de risa.
Otra vuelta a los puestecillos del bazar y regreso al hotel en una de las furgonetas rojas que vereis por toda la ciudad y que funcionan como taxi compartido. El precio se regatea, por supuesto. Por 100 bahts nos lleva a la otra punta de la ciudad. A dormir que mañana esperan los elefantes.





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