29 de octubre de 2012

Santillana del Mar

Terminamos este capítulo dedicado a Cantabria con unos de sus destinos más conocidos: Santillana del Mar. Esta pequeña localidad cuenta con uno de los conjuntos medievales mejor conservados del país. Pasear por sus calles adoquinadas es hacerlo por un verdadero museo, con casonas de piedra con blasones heráldicos convertidas en preciosas tiendas o en encantadores hoteles. El pueblo consta de dos calles principales que confluyen en el principal monumento, la Colegiata de Santa Juliana (s.XII). Junto con la iglesia de Santa María de Piasca, que vimos anteriormente, constituye el máximo exponente del románico de la región. No dejéis de visitar el claustro (se cobra entrada) con unos magníficos capiteles.




Pero sin duda alguna el gran tesoro de Santillana es la Cueva de Altamira. La original no se puede visitar desde el año 2002 y está pendiente de la decisión del Patronato de volverla a abrir al público. En el año 2001 se inauguró el Museo Nacional de Altamira que alberga una reproducción exacta de la original. Realmente la réplica es fabulosa pero la sensación de estar viendo una copia y la pérdida de la magia de la cueva no te abandona durante toda la visita. El centro además consta de un museo muy didáctico, ideal para ir con niños.

Otro lugar muy recomendable para ir con los peques en el zoo de la localidad. No tiene nada que ver con otros grandes recintos, como el de Madrid, pero tiene mucho encanto y es el mejor colofón para terminar el día, junto con un vaso de leche recién ordeñada y un sobao pasiego en una de las tiendas.

Dos recomendaciones con una inmejorable relación calidad/precio: el restaurante La Villa donde puedes comer por 15 € un buen menú del día y Casa Gema, una preciosa casa rural en Ubiarco, a 10' en coche desde Santillana, donde se puede dormir por unos 40 €.

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