20 de mayo de 2014

Barrio Judío de Praga

Los judíos de Praga vivieron desde el siglo XIII en un barrio propio, una ciudad dentro de la ciudad, como atestigua la presencia de su ayuntamiento. Esta ubicación les protegía y les separaba de sus vecinos gentiles. La época de máximo esplendor tuvo lugar durante el mandato del alcalde Maisel, en el s.XVI. Una sinagoga y una de las principales vías del barrio llevan su nombre. De la misma época es el rabino Loew quien según la leyenda creó al Golem, un monstruo de barro que defendía a los judíos y que tan sólo el rabino sabía dar vida. El Golem ha pasado a la larga lista de seres mitológicos de la Historia Universal. 

En el s.XIX el barrio judío prácticamente desapareció como tal debido al Saneamiento (Asanace) decretado por el emperador José II. Debido al hacinamiento de gran número de personas en un reducido espacio este era el barrio más insalubre de la ciudad. Se demolieron las murallas y gran parte de las antiguas edificaciones, transformándose en los amplios bulevares que podemos ver hoy en día. Los judíos dejaron de vivir en un gueto y dieron las gracias al emperador poniendo su nombre al nuevo barrio, Josefov. Lo único que se conserva del antiguo barrio judío medieval conforma el actual Museo Judío de Praga. Y su conservación paradójicamente tiene relación con los nazis que pretendieron hacer de Josefov "un museo de una raza extinta" y para ello trasladaron al mismo numerosos objetos relacionados con la cultura del pueblo judío requisados por toda Europa. Hoy forman una de las mejores colecciones de todo el mundo.

Web del Museo Judío de Praga





Para planificar la visita lo primero es recordar que el sábado es día santo para los judíos y por lo tanto el museo está cerrado. Hay que ir temprano (abren a las 9) porque es uno de los puntos más visitados de Praga y en temporada alta se forman largas colas. Hay diversos tipos de entrada según lo que queráis ver. La entrada combinada que permite ver todo es bastante cara para los precios de la ciudad (480 coronas). Las visitas que no hay que perderse son el Cementerio, la Sinagoga Vieja-Nueva y la Sinagoga Española. El resto de sinagogas son realmente museos de objetos religiosos y de la vida cotidiana del pueblo judío, además de un recordatorio de los más de 75.000 judíos checos asesinados por los nazis. Realmente merece la pena verlo todo, pero si disponéis de poco tiempo lo mejor es limitarse a las tres visitas que os recomendamos.

El Cementerio Judío es uno de los emblemas de la ciudad. Pese a estar rodeado de edificios, y sobre todo de turistas, no hacen que pierda la magia que tienen los lugares únicos. Durante siglos fue el lugar exclusivo de enterramiento de los judíos de la ciudad. La falta de espacio se suplió enterrando unos cuerpos encima de otros, se calcula que existen doce niveles. Por lo tanto, las más de 20.000 lápidas que vemos son tan sólo la punta del iceberg. Hay que fijarse en los detalles que adornan las tumbas y que nos indican el origen del fallecido (un león en los descendientes de la tribu de Judá, una uvas en las tumbas de los adinerados..). La tumba más famosa es la del Rabino Loew, llena de papelitos con deseos escritos y sujetos por piedras que recuerdan los años de peregrinación del pueblo judío por el desierto hasta alcanzar la Tierra Prometida.



La Sinagoga Vieja-Nueva o Staronova es el templo judío en activo más antiguo de Europa. Para entrar en ella los hombres tienen que cubrirse la cabeza con una kippá de cartón que te ofrecen con la entrada. En su interior se encuentra la silla donde se sentaba el Rabino Loew. Al lado de la sinagoga se sitúa el edificio del Ayuntamiento Judío, uno de sus dos relojes tiene los números escritos en hebreo y las agujas giran en sentido contrario al habitual.
La otra sinagoga que os recomendamos en la Española, denominada así por el interior de aspecto morisco. Es la que más nos gustó de todas. Al lado podéis ver una escultura dedicada a Kafka, en la que el escritor por excelencia de Praga está sentado sobre los hombros de un personaje sin cabeza. También merece hacer una parada en las casas cubistas de la cercana calle Elišky Krásnohorské con una preciosa fachada de color rosado.

Hay otros dos monumentos en Josefov que destacan, ya fuera del ámbito cultural judío. Uno es el Convento de Santa Inés de Bohemia, el edificio gótico más antiguo de Praga que alberga una colección de arte medieval; y el imponente Rudolfinum, sede de la Orquesta Filarmónica Checa, uno de los mejores ejemplos de arquitectura neorenacentista y un buen lugar para disfrutar de la omnipresente música clásica de Praga.

Próximo capítulo: Castillo de Praga

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