30 de mayo de 2014

Castillo de Praga

Cruzamos el Moldava y subimos hasta Hradcany, la zona residencial de los nobles checos situada junto al símbolo del poder real: el Castillo de Praga. El nombre da lugar a equívoco ya que aquí hay de todo menos un castillo. Realmente es un recinto enorme donde se han ido añadiendo construcciones desde el siglo IX y siempre ha sido la residencia oficial del Jefe de Estado, primero el rey y ahora el presidente de la República.

Es, junto a la Plaza de la Ciudad Vieja y el Puente de Carlos, el lugar más visitado de la ciudad. Se aconseja acudir en cuanto abre sus puertas para evitar las largas colas que se forman en las taquillas. Hay varios tipos de entradas según lo que se quiera visitar, la elección es cuestión de gustos, tiempo y dinero. La entrada más completa, que incluye todas las visitas, cuesta 350 coronas (12 €). Los lunes el recinto está cerrado, excepto la Catedral. Los lugares que nos parecen imprescindibles son la Catedral de San Vito, los jardines reales y el Pasaje del Oro. Los dos primeros son gratuitos, por lo que si no queréis gastar dinero podéis visitar tan sólo esta parte del complejo. Calculad una mañana entera para visitar con calma todo.

La imponente reja de hierro forjado de la entrada principal está flanqueada por dos estatuas que representan "la batalla de titanes". A su lado dos garitas con los guardias de honor aguantan con estoicismo los disparos de las cámaras de fotos de los turistas. Cada hora en punto tiene lugar el cambio de guardia, la de las 12 de la mañana es la más concurrida ya que va acompañada de música.


- Catedral de San Vito, Guardia de honor, Palacio Real, Entrada principal, Pasaje del Oro -


La Catedral de San Vito, al igual que la Iglesia de Nuestra señora de Tynn en la Plaza de la Ciudad Vieja, está oculta en parte por los edificios que componen el complejo del Castillo y no hay una buena visión panorámica cercana para hacerse una idea de sus colosales dimensiones. Su edificación comenzó en el siglo XIV por el omnipresente Carlos IV y su arquitecto Peter Parler y no finalizó hasta mediados del siglo XX. Es el interior hay que fijarse en las vidrieras y especialmente en una situada a la izda de la entrada obra del artista art nouveau Alfons Mucha. Otros puntos interesantes son la Tumba de San Juan Nepomuceno, espectacular obra barroca; y la preciosa capilla de San Wenceslao, la más bonita de las innumerables que se encuentran dentro de la catedral.

La Catedral conecta con el Palacio Real por un pasaje cubierto, no abierto al público. El Palacio era la residencia oficial de los reyes y es uno de los edificios más antiguos del complejo. No es excesivamente grande ni ostentoso. La parte más bonita es el Salón Ladislao, con un precioso techo gótico. Aquí tenían lugar todos los eventos de la vida de palacio, incluidas justas de caballeros, para ello la Escalera de los Caballeros permitía entrar por el lado norte al recinto montado a caballo.

Tras la Catedral se encuentran la Plaza y Basílica de San Jorge. Esta es uno de los mejores ejemplos de arte románico del país, aunque está muy restaurada y dista mucho de las magníficas construcciones románicas que podemos ver por ejemplo en Castilla-León.

Unos pasos más adelante nos encontramos con el célebre Pasaje del Oro, un pequeño callejón adoquinado llamado así por los orfebres que vivieron en él. En uno de sus lados se sitúan unas minúsculas casitas de colores que fueron ocupadas por artistas durante el s. XIX, entre ellos Kafka. Ahora algunas son tiendas de recuerdos y otras recreaciones de diferentes oficios de la época. Aunque es un lugar masificado no se puede negar su encanto. Al final del callejón la Torre Dalibor debe el nombre a su primer prisionero, el cual ha pasado a la leyenda por tocar el violín mientras esperaba ser ejecutado. Su historia quedó reflejada en la ópera Dalibor de Smetana. Hoy en día la torre es una especie de museo de la tortura.

De camino a la puerta principal para salir del recinto se encuentran los preciosos jardines reales con unas vistas fabulosas de los tejados de Mala Strana.

Próximo capítulo: Loreta, Strahov y Petrín



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