26 de septiembre de 2015

Polonnaruwa


SRI LANKA Agosto 2015
Día 5/14
Capítulo 1/2

Tras otro desayuno colosal en el Hotel Sigiriya partimos hacia Polonnaruwa, a una hora en coche. Polonnaruwa sustituyó como capital a Anuradhapura tras la invasión de Sri Lanka por la dinastía Chola procedente del sur de la India. Fue el centro del Reino Cingalés durante unos doscientos años, lejos de los más de 1000 años que mantuvo la capitalidad su antecesora. La época de mayor esplendor tuvo lugar durante el reinado de Parakramabahu I (1153-1186) cuando se construyeron los principales edificios que hoy podemos ver.

De nuevo el precio de las entradas es abusivo, 25 $ por adultos y 12.5 $ por niño. A esto hay que sumarle las 2000 lkr que pagamos por contratar a un guía durante 3 horas. Lo hicimos por consejo de Gama, y aunque el guía (un señor de 72 años que estaba más en forma que nosotros) nos gustó mucho, con la Lonely Planet se puede hacer la visita sin problema alguno si queréis ahorrar algunas rupias.

El complejo arqueológico, declarado Patrimonio de la Humanidad, es muy extenso, aunque no tanto como el de Anuradhapura, y al igual que este no se debe recorrer a pie, se necesita al menos una bicicleta. Nosotros nos movíamos de unas ruinas a otras en el coche de Gama mientras el anciano guía pedaleaba como Induráin en su bicicleta, digna de museo, sin derramar una gota de sudor.

Comenzamos la visita en el museo situado en el mismo edificio donde se venden las entradas. No es muy grande y es recomendable al menos hacer una rápida visita para ver las maquetas de los edificios originales y hacerse una idea de la grandiosidad de estos cuando se contemplan las ruinas. Como anécdota, cuando estábamos en una de las últimas salas un vigilante me obligó, con muy malas maneras por cierto, a borrar las fotos que había hecho porque estaba prohibido (la verdad no vi el cartel ni el guía me dijo nada). Curioso que no dejen hacer fotos a maquetas y si a los frescos de Sigiriya o de Dambulla, y encima con flash.

El recorrido que hicimos fue el que nos indicó el guía, se supone que es el más apropiado, pero por ejemplo no es que el orden que indica la Lonely Planet. Comenzamos por el Palacio de Nissanka Malla, el edificio más destacado es la Cámara del Consejo Real, donde se encuentra una réplica del trono real, un inmenso león de piedra, y el grabado del nombre del ministro en la columna donde tenía su asiento. Próximo al palacio hay un gran embalse con una isla donde el monarca trasladaba su residencia durante los meses estivales.

- Palacio de Nissanka Malla -


Tras este palacio visitamos las ruinas del que fue el gigantesco palacio de Parakramabahu I, que llegó a tener 7 alturas (perfectamente reconstruido en la maqueta del museo). Hoy lo único que nos indica el pasado esplendor son el grosor de sus muros. Son más interesantes el salón de audiencias, con un precioso friso de elefantes todos ellos en una posición diferente, y la piscina con sus surtidores en forma de cabeza de cocodrilo.


- Palacio de Parakramabahu I -

Y por fin llegamos al Cuadrángulo, el área que por si sola justifica la visita. Era el punto más sagrado de todo el complejo ya que aquí se veneraba la reliquia del Diente de Buda. El edificio donde se albergaba esta es uno de los mejor conservados y más impresionantes de toda la ciudad: el Vatadage. Tiene una estructura circular abierta en 4 puntos, flanqueados todos ellos por unas preciosas piedras de la luna labradas. Se conserva prácticamente toda la estructura, excepto el techo que era de madera (de nuevo es muy útil la maqueta del museo).
Hay otros edificios también muy notables en el Cuadrángulo: Thuparama Gedige, el único templo que conserva su cubierta; Latha-Mandapaya, una curiosa estructura que imita en piedra a una valla de madera; Gal Pota, un libro de piedra de 9 metros de largo con inscripciones sobre el reinado de Nissanka Malla y Satmahal Prasada, una pirámide escalonada de influencia camboyana.


- De arriba abajo y de izda a derecha: Vatadage, Latha-Mandapaya, Gal Pota, Satmahal Prasada -


Antes de llegar al otro punto clave del recinto, las estatuas de Buda de Gal Vihara, visitamos un montón de edificios entre los que destacamos las dagobas Rankot Vihara y Kiri Vihara y el templo Lankatilaka. La primera con 54 metros de altura es la cuarta de la isla e imita a sus hermanas de Anuradhapura.  Kiri Vihara es mucho más modesta pero brilla con luz propia gracias a su encalado original preservado durante siglos por la vegetación de la jungla que ocultó las ruinas. Es la dagoba no restaurada en mejor estado de conservación.
El templo Lankatilaka es de los más originales de Polonnaruwa, un imponente edificio de 17 metros de altura con una estrecha nave central que ha perdido su bóveda y se asemeja a una iglesia en ruinas.


- Rankot Vihara (arriba), Kiri Vihara (abajo) y Lankatilaka (derecha) -

La última parada es el segundo punto fuerte de la visita y otro que por si solo la justifica: Gal Vihara. Son cuatro estatuas de Buda (dos sedantes, una reclinada y otra de pie) labradas en el mismo bloque de granito y que constituyen el cenit de la escultura cingalesa. El Buda de pie y sobre todo el reclinado son preciosos, especialmente el cojín donde se apoya la cabeza de este último y que demuestra que el artista era un maestro de la escultura.


- Gal Vihara -

Las ruinas son inmensas y en ocasiones con el calor se hacen un poco pesadas (es aconsejable, como siempre en este viaje, realizar la visita a primera hora de la mañana), pero para nuestro gusto son una parada obligatoria. Tan sólo recordamos ruinas de esta magnitud y conservación en Egipto, las ruinas mayas de Chichén-Itzá en México o las ruinas budistas de Ayutthaya en Tailandia. Imprescindibles, de verdad.


Próximo capítulo: Templo del Diente de Buda (Kandy).


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